Sin haber visto nunca en un teatro una ópera, mis experiencias con esta música arrancan, como nos pasa a casi todos, con mi familia.
Mi abuelo era un fanático de las historias que relataban tanto los compositores como los guiones. Desconociendo todo lo referente a lo musical, y con mi alma de periodista, yo lo veía agitar sus brazos con las agujas de tejido de mi abuela, dirigiendo una orquesta invisible pero tan claramente audible, y le preguntaba quá cantaba esa gente. Un relato que me quedó grabado, por simpatía personal: Gabriel, príncipe de "Simón Bocanegra" termina asesinando a su hermano mayor Pablo, para quedarse con el trono. Mi hermano mayor se llama Pablo, je.
Hoy entiendo mínimamente las sinfonías que me resultan largas y difíciles de soportar, pero pensando en lo novedoso que sería el recurso para los años en los que la ópera era una verdadera forma de entretenimiento (música, puesta en escena, artistas de todo tipo, historias atrapantes, sumándole los folletos con relatos sobre la vida de los compositores). Era un tiempo donde la radio pisaba fuerte, no había tele, menos internet ni todo el vorágime con el que vivimos. Entonces, ¿¿cómo no ver la novena sinfonía como algo que podría emocionar a cualquiera??
Pasando a lo estrictamente musical, materia de este blog, les dejo una de las escenas que más me emociona del cine, de la película Philadelphia, con Tom Hanks y Denzel Washington. Cambiando un poco un refrán, más vale una escena musical que mil palabras.
Por último, hoy escuché a Victor Hugo Morales destacar las virtudes -¿cómo no hacerlo?- vocales del gran Farrokh Bulsara- quien junto a Monserrat Caballe hicieron "Barcelona", un disco maravilloso con una destreza difícil de repetir.
PD: les dejo de cierre algo bien clásico, el nessun dorma de Turandot, que si de nombre no les suena, con un sólo grito lo agarran seguro: "Vinceró! vinceroooo!!!!"
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