Como V con Eve. Como Andrew Beckett con Joe Miller. Samba pa tí no es una canción. Es una historia sin palabras. Pero está todo ahí. Es la historia de un tipo que anda medio bajón. Empieza con él andando por un parque. Abrigado, hace frío. Va pensando. Tenés silencios reflexivos en la música, que te muestran que está reflexionando, buscando algo. No parece encontrarlo. Las notas se alargan. Otro silencio, los tambores latinos siguen, pero no termina de arrancar.
Y de repente, el piano. Al minuto y medio de un tema, el piano. Con el piano, aparece una luz en el parque. Un sol encandila a la cámara. La guitarra mueve la cámara hasta donde aparece una mujer. El sol está atrás de ella, no ves mucho. Cuando se acomoda el foco, ella sonrie. Si, esa que te grita todo el tiempo que ordenes tus cosas.El juego del bajo que ahora dialoga con la guitarra es esa sonrisa.
Después, el piano se vuelve a ir, pero ya está. Acelera el ritmo de los tambores, de los latidos. La guitarra creció mucho más.
Ellos caminan juntos. A él se lo nota distinto. Hay sol, y el verde brilla. El ritmo es cada vez más latino. Aparecen cosas, departamentos compartidos, un sillón, ¿un auto, una casa? Fotos que se suceden. Escenas familiares.
Más o menos a los tres minutos y medio del tema aparece un nene, que anda corriendo por el parque. Notá que la música sube todavía más, pierde un poco de prolijidad pero nunca desacelera. El tipo y ella lo miran desde cerca.
La cámara se queda y ellos se van.
Porque es así. Una vez que aparece el piano, la música ya no vuelve atrás. Ni termina. Como mucho, se aleja. Se va en un fade, pero no termina.