martes, 14 de diciembre de 2010

CUMBIA CHAPA....

Hace poco vi un documental sobre el nacimiento del funk en Estados Unidos. Ahí mostraban cómo la música (y varios de sus representantes, especialmente James Brown) servía de motor del mensaje de la comunidad afroamericana para reclamar sus derechos y denunciar las injusticias cometidas contra ellos. Poco después volví a escuchar por la calle algún tema de cumbia villera. Desprendimiento de la cumbia, como el funk lo fue del jazz, la cumbia villera retoma varios aspectos musicales del ritmo madre, pero cambia esencialmente en su contenido y su objetivo. Pablo Lescano, el gran creador de la movida con Damas Gratis, y ex Amar Azul, dijo en algún momento: "me cansé de los caretas que tocaban siempre el mismo ritmo, y hablan de la novia que lo dejó, del meneo del culo y nada más. Al villero no lo escucha nadie, no le habla nadie. Yo quería contar de verdad la vida del negro". Sin dudas, los grupos que más ruido hicieron fueron el del propio Lescano y los pibes chorros. Las letras hablaron del mundo paralelo que se vive en las villas, sin ningún tapujo ni filtro. La delincuencia, las drogas, las mujeres, la vida en la cárcel, todo brotó a la superficie como el vómito en el que los despreciados por el sistema, condenados a vivir en la miseria y un mundo sin estado, ni asistencia, ni futuro, ni esperanza, mostraban con total desenfreno su desprecio hacia ese sistema. Robar, pegarle un tiro al "cheto"(el enemigo número 1 para la cumbia villera), se contaban por primera vez desde un ángulo distinto. Los noticieros siempre muestran al asaltado. La cumbia villera mostraba la vida, el accionar y las ideas del chorro. La irrupción del nuevo estilo hizo que algunas discográficas aprovecharan y explotaran el negocio, desvirtuándolo. Se volvió una competencia por ver quién usaba más lenguaje villero (tumbero todavía no se usaba mucho) y se perdió la idea original. Sin embargo, seguramente la culpa de que no se haya mantenido en el tiempo, que no haya dado nuevos grupos, la tendrán que afrontar los propios músicos de aquellas primeras bandas que aparecieron allá por los fines de los 90s. La cumbia villera se convirtió en una moda lucrativa, y como tal dejó de tener relevancia cuando el negocio perdió rédito. El debate sobre si se trató de una expresión social válida o si fue un "elogio a la delincuencia" solamente quedó relegado a los debates académicos, muchas veces infructuosos, pero se perdió de la vista de la sociedad. Afuera del show quedó "Para Elisa", en un disco de cumbia villera; la banda de sonido de toda peregrinación a Luján; otro sobre una madre soltera; el sólo le pido a dios de los pibes chorros y el made in argentina, de malafama. Empecé el post hablando del funk como expresión del descontento afroamericano. Quizás la diferencia más grande haya sido la organización de esos movimientos para, no sólo reivindicar su clase, sino reclamar por sus derechos y exigir una vida más digna. Lo más que se logró fue la visión, también distorsionada, (y acá robo frase que leí en conurbanos) de "ángeles en el barro" frente a la crítica de "negros delincuentes". Allá van la toma de terrenos, los operativos en la 1-11-14 y tantos otros episodios que serán musicalizados con cumbia villera, junto a documentales independientes y videitos caeros de youtube para mantener vivo el recuerdo de un sonido muy acorde a la explosión social del 2000, cuyas causas profundas y complejas no fueron abarcadas por nadie, ni siquiera por los propios protagonistas musicales.