Vale la aclaración. A diferencia de muchos de nuestra generación, no escuché tango por primera vez viendo "Cara y Seca", en TyC. Aunque, debo reconocerlo, cada vez que veo un buen caño espero el firulete antes que el lírico. Habiendo realizado la mención, también debo anunciar que no soy ni un conocedor ni un adepto a la música que se ha denominado porteña, pero como toda música, tiene sus raíces en distintos ritmos y puntos geográficas. Mi primer recuerdo con el tango debe ser cantar "caminito" en la primaria. Al vicedirector se le cantó, valga la redundancia, que hagamos la interpretación todos los de segundo grado del clásico que interpretaba tan bien don Carlos Gardel. Un par de años después, me conmovió y me quedó grabado "Sus ojos se cerraron", que también escribió Le Pera. Si no recuerdo mal, cantaba Hugo del Carril en el final de la película el día que me quieras, cuando se iba en un auto en la escena final. Por supuesto, algunos tangos que están en el aire de nuestra cultura los iba escuchando cada tanto, pero sin terminar de reconocer títulos ni autores. Otra fotografía inequívoca está en una de mis películas favoritas, "Perfume de mujer". La versión con Al Pacino bailando "por una cabeza" es impagable.
Así, por la tangente, una serie de tangos me fueron llevando a ser un ignorante con culpa, por creer que debe haber todo un mundo ahí escondido, pero que no hago más que espiar por algunos agujeritos.
Por ejemplo, a Piazzolla lo conocí por su nieto, que toca jazz. Siendo fanático de Tato, y habiendo visto cuanto especiales pasen por Volver o cualquier otro canal, fui a dar con el encuentro de dos titanes de la creatividad. Como no podía ser de otra manera, Tato se acomoda en su sillón, prende en silencio su habano, se sirve champagne y empieza a sonar el bandoneón de su invitado. Es tan emotivo como magistral.
Seguramente sea Don Astor el músico que más reconozco, en parte por su pasión y estilo, en parte porque es un artista que se reinventa continuamente luego de su fallecimiento. También, de las pocas historias que tengo grabadas, además de las grandes orquestas, es escucharlo decir que al instrumento hay que apretarlo, que hay que violentarlo y mostrarle la pasión. Como leí por ahí, "si dios tuviera ganas de hacer música, le pediría una mano a Piazzolla".
El tango, por más que no sea la música que más escucho, tiene y conservará siempre ese "no se qué", que cala hondo en el ánimo del que lo escucha. Sentir "volver", "Yira Yira", "Sur" y otras melodías te hacen sentir culpa inevitablemente por no saber más de las glorias y talentos que nacieron en estas tierras, movieron los cimientos de la música mundial y se pierden en el olvido lentamente.
Sepan disculpar que no hable de Goyeneche, de Cambalache y otras yerbas, ni haga un análisis más profundo del yeite -las letras, los arrabales, las historias-, pero quisiera instruirme un poco más antes de opinar sobre un tema tan vasto tema.