Nietzche rechaza la concepción de la vida ordenada y programada, enfrentándola con el dios griego Dionisio. Asegura que la música, como espíritu de libertad y sin estructuras fijas-representadas en dicha deidad- es el verdadero ejemplo a tomar para determinar nuestras vidas. El blog no pretende tanto como cambiar el paradigma, pero si rendir culto a un hecho cotidiano, que guarda y genera sentimientos, emociones e historias de vida.
martes, 24 de mayo de 2011
GUITARRAS CON TELARAÑAS
"Se que estás aquí". Hace rato que no me cruzo con mi primo Leo. Es músico, toca la guitarra como su viejo. Vivimos juntos poco más de un año en Lomas, y yo después me mudé. Como decía, el Leo es guitarrista. Para hablar de guitarristas, y de los que voy a mencionar en este post, es necesario pensar en mi primo. Porque ya antes de vivir con él me llamaba la atención el dibujo casero de ese tipo medio máquina medio naturaleza que se paraba en el medio de la escena con su guitarra futurista. Y cuando convivimos con alguien nos acostumbramos no sólo a nuestros estilos de vida, sino también a compartir cosas aunque uno no lo busque. Así, muchas veces estuvimos sentados mirando dvd´s de músicos que yo desconocía. De más está decir que el dvd de Vai en Japón era recurrente. Siempre digo que hay que escuchar muchas veces la música que no nos termina de gustar para ver porqué es. Lo aprendí sin darme cuenta, cuando después de mucho tiempo pude escuchar de verdad a Pink Floyd. Con Vai me pasó algo parecido. Desde la primera vez que escuché "for the love of god" entendí que el tipo era de esos genios a los que no les importa hacer algo para el que lo escucha. Lo hacen porque les brota. Buscando cosas para el post vi una entrevista en la que él dice que creía que a todo el mundo se le daba tan natural como a él la música. No es que no se pase doce horas diarias con el instrumento. Ni que haya aprendido con Joe Satriana (buscar G3), ni con Zappa, que lo apodó "el italiano virtuoso". Es simplemente una de esas personas a las que la música le brota por todas partes. Leo siempre supo y admiró eso. Yo no. Pero lo bueno de estar con músicas (y experiencias en general) con las que uno no estaría normalente es que después decantan en algo que vos no esperás. Con la música que escuchaba con Leo me pasó eso. Y ahora, después de mucho tiempo, escucho a Vai y me relaja su talento. Me permite lo que la buena música: ir a otros lugares. Y ojo que estoy mostrando solamente una parte de su música. Este tipo lo pueden haber visto en "Crossroads", un peliculón lleno de blues. Ni hablar de que fue el primero en usar una guitarra triple, y una con siete cuerdas para tener más agudos. Y lleva un tiempo haciendo música, casi desde que era un nene. Y a pesar de su destreza, nunca fue arrogante, siempre estuvo predispuesto a cumplir con su gente. Leo fue las veces que Vai vino a Argentina, y siempre volvió maravillado del recital/concierto. Y hablo de Leo siempre que escucho al guitarrista no sólo porque sea uno de sus favoritos, sino porque la música de artistas como Vai, como Roben Ford -ya volveremos a él- u otros grossos es el vínculo que mantenemos sin vernos. No nos juntamos seguido. No vivimos cerca. Pero escucho ciertas músicas y tengo que pensar que no podría entenderlas si no las hubiese escuchado con él. Y pienso que la música es el vínculo más fuerte que quedó entre nosotros no solo por eso. El otro día me acordaba cuando hicimos el primer programa de Radio 1: "La Ratonera". La música corrió por cuenta de un grupo cuyo disco no fue editado por una discográfica: Los Ramonis. La dupla de Leo y su viejo nos musicalizó no sólo la apertura -influenciada también por el gran Pappo y su imitación del gato Silvestre- sino todas las cortinas y fondos de bloques. En este video lo van a ver a Leo, junto a su viejo -luthier y músico- tocando en Parque Lezama. Mi primo es el joven, el que es igual a Facundo Arana. Más de una tarde me la pasé en la plaza, escuchándolos. Este post quiso ser un homenaje a esa música, a esa unión. Fue todo guitarra y cosas distintas. Es lo bueno de tener un primo músico. Asíque si bien no hablamos por teléfono, escucho a Vai y me acuerdo del Leo. "Sé que estás ahí".
sábado, 14 de mayo de 2011
30 años sin Marley, más de 15 con el reggae
Hace rato vengo pensando cómo homenajear al padre del reggae. Y estuve viendo cómo hablar del reggae desde mi experiencia, de lo que me pasa a mí, que es la idea de este rincón. Podría hacer un relato de las bandas que fui escuchando y lo que decían los temas desde que a los 11 años (masomenos) escuché por primera vez "Capitán Pelusa" de Los Cafres. Puedo hablar de Steel Pulse o Nonpalidece, con Marley como avenida principal del camino. Pero no. También podría hacer hincapié en todas las ideas y la aparente contraposición de una música combativa y otra de paz y amor. Tampoco me convence, aunque sí voy a dejar el link del discurso de Haile Selassie, que Marley musicalizó con "War".
Entonces, de lo que voy a hablar es de la música. De las sensaciones. Y del reggae lo que tengo que decir es que está siempre. Cuando estoy enojado, cuando pierde San Lorenzo (hoy con Argentinos Juniors), cuando me peleo con Maricel o con el mundo, está el reggae. Cuando tengo ganas de que alguien me banque, además de Maricel, está el reggae.
Pero la música de Marley aparece como ideal también cuando estamos celebrando. ¿Qué mejor que compartir cerveza y pizza con un grupo de amigos, con "Is this love" de fondo?
Y cuando estoy nervioso. Antes de llevar un curriculum, antes de casarnos, antes de un parcial, el reggae te despeja.
Lo cual no hace más que abonar a la asociación del reggae y la marihuana. Porque ambos tienen fines terapéuticos jaja.
A lo que voy con todo esto es que es una de las pocas músicas que estuvo siempre en mi vida. SIEMPRE. Tuve época de cumbianchero, tengo épocas de rock, estoy tratando de aceptar Jamiroquai, pero siempre, inevitablemente, abro la cartuchera de cds y tengo ganas de poner un disco de reggae.
Sé que a muchos les pasa lo mismo, y creo que por eso es tan fácil sentirse identificado y tener simpatía por el tipo que va por la calle con sus dreadlocks. Aunque no nos demos cuenta, aunque no activamente, cada vez que gira un disco se afianza el "let´s get together", el "juntémosnos". Y lo bueno es que el ritmo no para de crecer en Argentina. Hay para todos los gustos, lo que hace que nos cultivemos cada día más.
Así que amigos, ya saben, peguenlé una visita a su banda reggae favorita, recuerden buenos momentos y, si se sienten un poco mejor cuando termine el disco, me lo agradecen.
"El reggae es como el chocolate. Nunca vas a decir ´no tengo ganas´".
Entonces, de lo que voy a hablar es de la música. De las sensaciones. Y del reggae lo que tengo que decir es que está siempre. Cuando estoy enojado, cuando pierde San Lorenzo (hoy con Argentinos Juniors), cuando me peleo con Maricel o con el mundo, está el reggae. Cuando tengo ganas de que alguien me banque, además de Maricel, está el reggae.
Pero la música de Marley aparece como ideal también cuando estamos celebrando. ¿Qué mejor que compartir cerveza y pizza con un grupo de amigos, con "Is this love" de fondo?
Y cuando estoy nervioso. Antes de llevar un curriculum, antes de casarnos, antes de un parcial, el reggae te despeja.
Lo cual no hace más que abonar a la asociación del reggae y la marihuana. Porque ambos tienen fines terapéuticos jaja.
A lo que voy con todo esto es que es una de las pocas músicas que estuvo siempre en mi vida. SIEMPRE. Tuve época de cumbianchero, tengo épocas de rock, estoy tratando de aceptar Jamiroquai, pero siempre, inevitablemente, abro la cartuchera de cds y tengo ganas de poner un disco de reggae.
Sé que a muchos les pasa lo mismo, y creo que por eso es tan fácil sentirse identificado y tener simpatía por el tipo que va por la calle con sus dreadlocks. Aunque no nos demos cuenta, aunque no activamente, cada vez que gira un disco se afianza el "let´s get together", el "juntémosnos". Y lo bueno es que el ritmo no para de crecer en Argentina. Hay para todos los gustos, lo que hace que nos cultivemos cada día más.
Así que amigos, ya saben, peguenlé una visita a su banda reggae favorita, recuerden buenos momentos y, si se sienten un poco mejor cuando termine el disco, me lo agradecen.
"El reggae es como el chocolate. Nunca vas a decir ´no tengo ganas´".
miércoles, 4 de mayo de 2011
LA SINFÓNICA DE BUENOS AIRES
Tiene Buenos Aires qué se yo... La Ciudad está amarilla, pétalos, hojas y nubes caen sin cesar en estos días. Al compás del invierno, infaltable, la música ocupa su lugar de protagonista. Puede ser porque cuando hace frío la melodía abriga un poco, quizás se nos permite concentrarnos más en el sonido para refugiarnos del viento. El domingo volvíamos con Maricel a casa. En el centro nos tomamos el 152. El chofer escuchaba The Wall.
Serían las once de la noche. No me aguanté y le pregunté qué radio era. "No es la radio". -¿Es el disco? "Seeee", dijo con orgullo. Nos sentamos, y empezó a sonar Mother. Los bajos se sintieron más fuerte. A Maricel le empezó a gustar la banda que tantas veces no pudo soportar. Dijo que el sonido era muy bueno, pero que no le gustan las voces de los cantantes. Mientras nos abrazábamos para darnos calor, notamos que la pareja que iba delante nuestro también comentaba que el chofer se había vuelto loco porque los parlantes estaban a todo volúmen. Ambos movían sus manos con el ritmo de la música. Para cuando empezó Goodbye Blue Sky las filas de adelante rezaban para que el micro no frenara, ni siguiera subiendo gente a interrumpir la ópera de rock con sus monótonos "1, 20 por favor".
Uno que cantó casi todas las canciones preguntó si eran los Guns N Roses. "Es Pink Floyd, The Wall" dijo el chofer indignado. "seguro?" volvió el de los guns. No hubo respuesta. Un par de temas después, el milagro. Maricel me pidió que después ponga este disco así lo escuchaba. Cuando bajamos del bondi, le hice un cabezazo de agradecimiento al señor chofer, por el buen rato, la buenísima música y el cambio sobre mi adorable esposa.
No es la primera vez que me pasa algo así. Ya en Diciembre había escrito sobre el efecto de la música los fines de semana.
Y es que Buenos Aires tiene ese no se qué... como la gente que hace covers de Floyd en la Plaza de Florida y Diagonal Norte, que cada tanto me cambian el humor cuando salgo de trabajar.
Ese algo que me hace imposible llegar a la 9 de Julio sin que suene en mi cabeza Callejeros.
Ese toque especial que le ponen dos o tres tipos casuales, desconocidos, repetidos, que casi a diario suben a un subte atestado de gente para hacer fuerza y tocar un par de salsas, con bongós y micrófonos. Pero sobre todo, a pesar del hambre, frío, las miradas asquerosas de un par de pasajeros y la poca colaboración monetaria, con una sonrisa y el gusto de hacer algo que da placer. Como el cubano solitario que con un tamborcito canta siempre "Dos gardenias", o el ciego que canta mejor que Luciano Pereyra.
Siempre quise vivir en Buenos Aires. De a poco voy descubriendo su magia, su ritmo, el sonido oculto en tanto ruido y locura. Hay bares, estadios y calles todavía por recorrer. Pero sobre todo personajes con sus historias en clave de sol.
PD: A todos los que me han saludado por mis 26 Abriles MUCHAS GRACIAS. Les dejo una versión del tema más escuchado en la historia mundial.
Serían las once de la noche. No me aguanté y le pregunté qué radio era. "No es la radio". -¿Es el disco? "Seeee", dijo con orgullo. Nos sentamos, y empezó a sonar Mother. Los bajos se sintieron más fuerte. A Maricel le empezó a gustar la banda que tantas veces no pudo soportar. Dijo que el sonido era muy bueno, pero que no le gustan las voces de los cantantes. Mientras nos abrazábamos para darnos calor, notamos que la pareja que iba delante nuestro también comentaba que el chofer se había vuelto loco porque los parlantes estaban a todo volúmen. Ambos movían sus manos con el ritmo de la música. Para cuando empezó Goodbye Blue Sky las filas de adelante rezaban para que el micro no frenara, ni siguiera subiendo gente a interrumpir la ópera de rock con sus monótonos "1, 20 por favor".
Uno que cantó casi todas las canciones preguntó si eran los Guns N Roses. "Es Pink Floyd, The Wall" dijo el chofer indignado. "seguro?" volvió el de los guns. No hubo respuesta. Un par de temas después, el milagro. Maricel me pidió que después ponga este disco así lo escuchaba. Cuando bajamos del bondi, le hice un cabezazo de agradecimiento al señor chofer, por el buen rato, la buenísima música y el cambio sobre mi adorable esposa.
No es la primera vez que me pasa algo así. Ya en Diciembre había escrito sobre el efecto de la música los fines de semana.
Y es que Buenos Aires tiene ese no se qué... como la gente que hace covers de Floyd en la Plaza de Florida y Diagonal Norte, que cada tanto me cambian el humor cuando salgo de trabajar.
Ese algo que me hace imposible llegar a la 9 de Julio sin que suene en mi cabeza Callejeros.
Ese toque especial que le ponen dos o tres tipos casuales, desconocidos, repetidos, que casi a diario suben a un subte atestado de gente para hacer fuerza y tocar un par de salsas, con bongós y micrófonos. Pero sobre todo, a pesar del hambre, frío, las miradas asquerosas de un par de pasajeros y la poca colaboración monetaria, con una sonrisa y el gusto de hacer algo que da placer. Como el cubano solitario que con un tamborcito canta siempre "Dos gardenias", o el ciego que canta mejor que Luciano Pereyra.
Siempre quise vivir en Buenos Aires. De a poco voy descubriendo su magia, su ritmo, el sonido oculto en tanto ruido y locura. Hay bares, estadios y calles todavía por recorrer. Pero sobre todo personajes con sus historias en clave de sol.
PD: A todos los que me han saludado por mis 26 Abriles MUCHAS GRACIAS. Les dejo una versión del tema más escuchado en la historia mundial.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)